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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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COMANCHERÍA

de David Mackenzie

¡Viva el bandolerismo!

Tanner (Ben Foster) y Toby (Chris Pine) son dos hermanos que, como el aceite y el agua, están juntos pero no revueltos.

AMPLIARTanner es un cabeza loca que acaba de salir de la cárcel porque le han dado lo que los estadunidenses llaman “la provisional”, siempre dispuesto a la jarana y que le importa un carajo que su madre muerta le haya excluido de su testamento en favor de su hermano. Toby, el afortunado heredero, es, por el contrario, un santo varón, aunque separado de la mujer, y que hace tiempo no ve a sus hijos, siempre intentando sacar adelante el pequeño rancho familiar (un montón de ruinas) y dejarlo a los hijos para que arreglen sus vidas. Pero el rancho va a ser subastado porque los bancos reclaman unos putos 25.000 dólares como pago de la hipoteca, se supone que “subprime”, seguro que con abusiva cláusula suelo (los bancos son iguales en todos los sitios) ,y con todas esas maravillosas e indescifrables letritas pequeñas que aseguran la “seguridad” jurídica y, además, aseguran la “segura seguridad” del banco para cobrar su dinerito con los benéficos y productivos intereses. Así es que a joderse toca al pobre Toby.

Pero Toby se rebela y trama un plan: ¿qué mejor cosa que si los bancos  reclaman “su” dinero, los dos hermanitos se dediquen a coger el dinero de los bancos para pagar a los bancos el dinero de la hipoteca? ¿No es, al fin y al cabo, “su” dinero lo que reclaman? Y como Tanner no está dispuesto a perderse una… pues dicho y hecho: los dos hermanitos, que no son Caín y Abel pero sí son muy complementarios, se unen para aligerar de peso los cajones de los bancos. Eso sí, solo los cajones que tienen los oficinistas. No las cajas fuertes, que eso son palabras mayores según nuestras reglas sociales, y está muy mal visto, y ellos solo quieren un puñadito de dólares. Los dos hermanitos son tan inocentones que no piensan ni por un momento en imitar a los bancos que, según muchos entendidos en la materia, cuanto más dinero se robe más inmunidad se asegura uno.

Y está clarísimo que a cada atracador le corresponde un policía. Y ahí están Marcus (Jeff Bridges) y su socio Alberto (Gil Birmingham), dos “rangers” que les van a perseguir. Marcus es un cínico a punto de jubilarse, mientras Alberto es un americano de origen indio mexicano con más paciencia que el santo Job para aguantar los chistes racistas de su compañero (y de algunos más).

Y ya la tenemos armada: atracadores y “rangers” a la greña.

¿Pero qué coña es esto

Aquí hay un director británico, que logró un esplendoroso “huis clos” con su película “Convicto”, que se va a los USA y quiere probar fortuna en el cine hollywoodiero. Y los productores le proporcionan un guión que ellos creen es un “thriller”. Pero el director británico debió leer de otra forma dicho guión, cambia impresiones con el buen guionista Taylor Sheridan, y ambos acuerdan que la cosa va… ¡de una del oeste!

Y no se lo piensan dos veces: ¡a rodar un “western”!. Eso sí, un “western” moderno, a lo de los hermanos Coen en “No es país para viejos” y más crepuscular, por no decir “finiquitador”, que “Grupo salvaje” del señor Pekinpah, con sus “cowboys” más cansados y agotados que un preso sujeto a una bola y picando piedra en una carretera. Aquí no hay el paso de una época que se acaba a otra que comienza. Aquí el paso ya está dado y la nueva situación está definida, y fuertemente guiada, por el dólar y la hipoteca.

Director y guionista cogen todos los tópicos del “oeste” codificados por los grandes clásicos y los llenan de significado nuevo: Los atracadores de bancos son atracadores de bancos antes y ahora; los sombreros “stetson” son los mismos; pero el “colt” es ahora un  “kalashnikof”; el “sheriff” y su ayudante se transforman en “ranger” detectivesco y su ayudante; los “saloon” se transforman en el “burger” o “macdonald”; los caballos se transforman en coches desvencijados, pero que emprenden las mismas “cabalgadas” ante los contrarios vaqueros armados, esta vez encarnados por civiles muy de orden y ansiosos de ayudar a la policía a hacer escabechina. Están las fronteras… y los emigrantes ahora integrados, Y, sobre todo, están los abruptos caminos atravesando espacios infinitos, como los del gran Anthony Mann, transformados en interminables carreteras atravesando los mismos espacios infinitos que ahora se cargan con en lugar de fraguas y almacenes para agricultores.

Y, sobre todo, el dinero de los mineros buscadores de pepitas de oro se ha transformado en dinero dado a cambio de hipotecas y, rendidor de cuentas con los fantasmagóricos “fondos de inversión”. En fin, un “oeste” ya ido, y otro "oeste" redivivo. ¿Son los mismos?

Lo que hacen el director británico Mackenzie y el guionista norteamericano Sheridan es apoyarse en un género perfectamente definido, lo transforman para narrar la historia de una familia y lo dotan de un sentido social más europeo que americano.

Y si el guión está anegado de cortantes diálogos, arropados por un ácido humor, (por no decir negro humor), como un buen guión clásico, la puesta en escena no es menos clásica: cámara y planos fijos para las secuencias de violencia, cámara firme que pone de manifiesto la descarnada violencia interna de la acción, y cámara al hombro, (sin el baile de san Vito porque está fuertemente atada sobre “steady cam”) que va cambiando su posición en esos espacios infinitos, lo que aumenta la sensación de infinitud y desvalimiento de las personas. Y, encima, director y guionista nos endiñan un “thriller” con “detective” deductivo incluido que para sí desearía miss Agatha Christie.

Y si no nos gustan esos Billy el Niño, o esos Jesse James modernos, como puede suceder a los bien pensantes o a la gente de orden, pensemos en el Robin Hood medieval, pues… ¿quién afectado de una hipoteca con cláusula suelo no ha pensado en atracar un banco?

Y si se tiene en cuenta la deliberada ambigüedad de la secuencia final, con la “comprensión” por el “ranger” de los motivos para perpetrar los actos delictivos, dejarán de valer las intenciones de los progresistas modernos que estén tentados de soplarle una hostia al policía racista. También los progresistas de antes tachamos de “facista” a John Ford. (Cuando pediremos perdón al grandísimo director)

Ben Foster y Chris Pine, los dos hermanitos, están muy requetebién. Pero el que está fenomenal es Jeff Bridge con un papel no sé si echo a su medida, o que se lo ha apropiado para exhibir su verdadera y poderosa personalidad.

¿Quién no sueña con atracar bancos? Hay que verla, aunque solo sea para mitigar nuestros cabreos por las hipotecas y comisiones, para calmar nuestros desaforados deseos de liarnos a hostias con los banqueros... y para no hundirnos en la frustración de saber que ya no hay Robines Hood que alivien penas de los desahuciados.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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