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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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SPOTLIGHT

de Tom McCarthy

Antes del tiemp de“clickar”

En 2003 al periódico “The Boston Globe” se le concedió el premio Pulitzer de “periodismo de servicio público” por una serie de cuatro reportajes publicados a lo largo de 2002, escritos por el equipo denominado “spotlight” formado por cuatro periodistas,  cuyo objeto era el abuso sexual de niños por parte de algunos sacerdotes católicos en la archidiócesis de Boston. El primer reportaje hablaba de unos noventa sacerdotes. Los tribunales de justicia acabaron cuestionando 1200 sacerdotes y afirmando que el cardenal Bernard Law, entonces al frente de la diócesis, estaba al corriente de todos los casos.

La película narra el proceso de investigación de los cuatro periodistas: Mike Rezendes (Mark Ruffalo), Ben Bradley Jr. (John Slattery), Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton) y Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), motivados por el recién llegado redactor jefe Martin Baron (Liev Schreiber).

Oficio extinguido

En “La peste” camusina hay un pasaje en el que el jesuita Paneloux intenta consolar al doctor Rieux, que no ha podido evitar la muerte del niño que ha caído desde una ventana, asegurándole que ha hecho todo lo posible por salvar su vida. La contestación de Rieux es tajante: “Salvar es una palabra demasiado grande. Me he limitado a ejercer mi oficio”. Esa humildad y honestidad podría aplicarse, según se nos describe en esta película, a los periodistas de “Spotlight”: se limitan a ejercer su oficio.

El “clickbait”, y la posterior "comunicación móvil", han propiciado que los periodistas actuales monten grandes reportajes y tinglados televisivos sin necesidad de levantarse de su silla. Con “clickar”, cortar y pegar, todo resuelto. No hay que tener una mente estructurada por conceptos vitales o éticos, ni se necesita la cultura, ni se necesita ser especialista, ni… Bueno… Digamos que los periodistas actuales, gracias a “internet”, lo saben todo y pueden manifestarse como doctores en las materias más dispares e inextricables. Están tan dotados de conocimientos que pueden explicar la teoría de la relatividad… ¡al propio Einstein! No hay más que seguirles en las infinitas tertulias televisivas o radiofónicas. Y los periódicos solo contienen gacetillas. Todos detrás del dinero, el escándalo y el espectáculo. Son muy raros, periodistas y medios, los que escapan de estas pautas. Y a esos pocos que no entrn por el haro se les mira como si fueran seres de otro tiempo, como diplodocus de la prehistoria.

“Spotlight” es un homenaje, un muy romántico homenaje, a esos periodistas antiguos que se movían entre montañas de papeles, monumentales archivos que se consultaban manualmente, teléfonos a pleno “riiing – riiing”, cuadernos sobre rodillas y pluma en ristre, consultando bibliotecas, recorriendo kilómetros, haciendo entrevistas a troche y  moche para asegurarse de la autenticidad de los datos, comiendo donde podían, sin apenas dormir y bebiendo ríos de café o bebidas alcohólicas. A los cinco periodistas de The Boston Globe les bastaron cinco reportajes en un año para denunciar el caso. Noventa casos investigados, mil doscientos casos en los tribunales. ¿Cuantas horas de espectáculo dedican hoy a la corrupción telepredicadores como los de "Al rojo vivo" y "savonarolas" como los Alfonsos Indras?.

Personajes modestos los de "Spotlight", incluso ambiciosos, pero llenos de pudor y convencidos de que su trabajo estaba motivado por conseguir la plena información de los lectores y el bien público. No solo el dinero ni, mucho menos, el espectáculo. Esto último lo dejaban para lo que calificaban de  “periodismo amarillo”. El gran logro de director y guionistas de "Spotlight" es hacer que estos cinco periodistas no salgan de ese cauce.

Considero que sobre la pedofilia se ha volcado toda la carga del concepto de la “familia” como organismo de protección de sus miembros. Y también todos nuestros prejuicios religiosos que hacen que niños y adolescentes sean desposeídos de su cualidad de sujetos activos de su propia vida y existencia. La casi imposibilidad de objetividad ante la pedofilia lleva inmediatamente a la culpabilización y condena del pedófilo. Son las dos circunstancias que oscurecen mi lucidez  y hacen que el tema me sea profundamente antipático.

Afortunadamente evita tratar el tema el que la película no vaya por esos derroteros.

Es cierto que trata un caso real de pederastia cuyas consecuencias fueron importantes, (que se lo preguntan al papa Benedicto XVI y al cardenal Bernard Law), pero el verdadero objetivo de la película es mostrar, de forma casi didáctica y muy pedagógica, el periodismo de investigación tal como se ejercía en otro tiempo.

El director Tom Mc Carthy, coguionista con Josh Singer,  establece una puesta en escena absolutamente al servicio de un guion que no deja espacio alguno a lo que no sea austeridad. Una austeridad casi franciscana para seguir a unos periodistas que dejan fuera de la película su propia identidad, o su vida privada (apenas unas pinceladas) en provecho de una reconstrucción precisa y meticulosa de todo el proceso de investigación. Investigación sobre unos “supervivientes” y su ocultación social, desarrollada por unos profesionales cuya única motivación es cumplir con su trabajo, ejercer su oficio. Una puesta en escena absolutamente clásica, desarrollada en planos generales o americanos que no dejan lugar a primeros planos que escruten las interioridades de los personajes.

Y el rigor al que se abrazan los guionistas y el director es tal que temas tan fascinantes como el aldeanismo de una gran ciudad como Boston, en la que las relaciones de poder se mueven a flor de piel, o el nubarron "internet" ciñéndose sobre la prensa, apenas quedan apuntados. Eso sí: lo magistralmente suficiente para que el espectador sepa dónde está y qué se juega.

Es posible que una austeridad que no muestra las emociones de los personajes, ni su vida más íntima, tiña de frialdad toda la narración y la película se resienta de ello. Los actores no han tenido más remedio que encorsetarse y abandonar toda posibilidad de matices para poder seguir las exigencias de esa puesta en escena. Y los afanes didáctiicos son tan grandes que se suprime toda posibilidad de "suspense" que centre el interés del espectador. Pero lo que “Spotlight” quizás pierda como cine, el periodismo y la ética lo ganan.

Ha conseguido seis nominaciones para los “oscar”. Entre ellas la de mejor película.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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