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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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LOS ODIOSOS OCHO

de Quentin Tarantino

En el lejano y viejo “oeste”

La inmensidad invernal de la llanura de un Estado de Wyoming pos secesionista. Muchos palmos de nieve crean una infinita sábana blanca. Un punto negro va lentamente agrandando hasta convertirse en diligencia tirada por caballos a todo galope. A bordo un cazarrecompensas (Kurt Russell) que lleva a Red Rock a una peligrosa criminal (Jennifer Jason Leigh) para entregarla a la justicia. El galope es interrumpido por otro cazarrecompensas (Samuel L. Jackson), ex oficial negro del ejército unionista. Quiere subir, con sus tres muertos reclamados, a la diligencia. Y, tras un tira y afloja, lo consigue. Y vuelta a detener porque un renegado sudista (Walton Goggins), que asegura ser el sherif de Red Rock, también quiere subir.

Afortunadamente diligencia y viajeros pueden capear la tormenta que se les viene encima porque allí está el refugio de Minnie regido por un mexicano (Demian Bichir) que da a todos la bienvenida. Y en el refugio está la flor y nata de tan solitarios parajes: un educadísimo inglés, de oficio verdugo, (Tim Roth), un ceñudo cow-boy (Michael Madsen), tan racista como exige la blancura de su piel, y un ex general de ex ejército confederado (Bruce Dern), también tan racista como exige tan noble institución.
Y en el cerrado espacio del refugio de marras estos angelitos se ponen a jugar a “a ver quién puede más” que obligan al espectador a meter su corazón en un puño.

¿Y si el lejano y viejo “oeste” no fuera tan viejo ni tan lejano?

No cabe duda: Tarantino presenta ese invernal refugio como un remanso de paz, una llegada a puerto seguro, en ese Wyoming inmediatamente posterior a la Guerra de Secesión que aún no ha cicatrizado sus heridas de guerra. Pero el espectador no es engaña. Sabe que ese remanso que supone unos Estados Unidos reconciliados, apenas necesita una chispa para que estalle. Solo tiene que reconsiderar el explosivo “melting-pot” que supone meter juntos a un caza recompensas negro y ex oficial unionista, un caza recompensas blanco, una criminal renegada, dos racistas de tomo y lomo, uno de ellos nada menos que general del ejército sudista, un refinadísimo inglés y un hosco mexicano: a la primera de cambio la democracia americana se convierte en un trasto absolutamente inservible. ¿Para qué coño se ha hecho una guerra civil y se ha matado a tantos ciudadanos? No sé por qué tengo la impresión de que a lo largo de toda la película de Tarantino anda enredando el espíritu de D. W. Griffith y su “Nacimiento de una nación”. Si el gran Griffith pensó que las llagas y lacras de una guerra sirvieron para crear una gran patria común, Tarantino parece pensar que solo sirvieron para crear una democracia que tirar a la basura. ¡Adiós sueño americano!


En los comentarios sobre la película he leído numerosas afirmacinoes de que la segunda parte es una especie de “Diez negritos” de Ágatha Christie, quizás por aquello de que el recurso de Christie para mantener el interés del lector es crear el suspense necesario para averiguar quién diablos es el culpable. Tarantino también crea suspense, pero aquí no importa saber quién es el culpable. Aquí lo que quiere saber el espectador es quién hostias es inocente. ¿Y hay algún inocente en ese refugio? La respuesta nos la ofrece Tarantino en el epílogo que cierra los distintos actos en que se estructura la película.

Tengo para mí que Tarantino con ese refugio ha creado un “huis clos” en el que solo ha faltado escribir con letras muy gordas la conclusión sartriana de que “el infierno son los otros”. Los Estados Unidos de Tarantino son una pura mentira en los que la impostura, loa hipocresía, la simulación, los linchamientos mediáticos, la ignorancia de los listos, y no sé cuántas lacras más, fundamentan una sociedad apestada, incapaz de lograr que sus ciudadanos convivan en un espacio común. A tal grado la impostura se apropia del espacio. ¿A que suena esto? ¿Es tan “viejo” y “lejano” ese “oeste”? Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor. El pacto fáustico que Tarantino supone para el país del Tío Sam, se puede aplicar también a nuestro país (o la imposibilidad de pacto, fáustico o no, a juzgar por lo que está ocurriendo en el Esperpento de los Diputados, antes llamado Congreso de los Diputados)

Pero, a pesar de la ajustadísima e inhabitual realización, Tarantino no puede dejar de ser Tarantino. El rey de la hemoglobina desparrama sangre por doquier, incluye violencia estomagante y no renuncia a la verborrea. Pero también, como de costumbre, sus caudalosos diálogos están llenos de brillante ironía, lo anega todo en un humor negrísimo, hace gala de una excelente dirección de actores, merced a la cual parecen actuar todos en estado de gracia, y construye una cuidadosísima puesta en escena.

Y fiel a si mismo hasta la muerte, Tarantino no para de mostrar su admiración por Sergio Leone y el “spaghetti western”, (no se busquen conexiones u homenajes al inmenso John Ford), no solo con la planificación, sino incorporando una soberbia banda sonora compuesta por un Ennio Morricone que demuestra, una vez más, su comprensión de las situaciones y emociones y su asombrosa capacidad para transmutarlas, que no realzarlas, en música. Todo un alarde que va desde la música más rutinaria hasta una música tan concreta que Luís de Pablo no dudaría en firmar.


Si alguna pega hay que poner a la película habría que buscarla en su larga duración. Pero el gozo es tanto...

NOTA: Tarantino ha hecho dos versiones, al parecer, distintas. Una versión digital para poder utilizarse en televisión, que es la que se proyecta, y otra en 70mm. que no puede ser proyectada porque los cines no están en condiciones técnicas de hacerlo, ya que el sistema no se utiliza desde 1969. Solo un cine de Barcelona puede proyectarla en ese formato. Hay ocho minutos de diferencia, de los que cinco son de música sin imagen.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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