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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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LEGEND

de Brian Helgeland

Los londinenses también son mafiosos

Reggie y Ronald Kray (Tom Hardy), dos hermanos gemelos, dominaron el Londres de los años 50 y 60 mediante métodos violentos y de extorsión. Y en su vida se cruza Francis Shea (Emily Browning), que se casa con Reggie, lo que da lugar a un curioso triángulo en el que el amor, la pasión y el odio son los ejes de su relación. Como fondo de la relación entre los dos hermanos actúa su obsesivo amor, verdadero complejo de Edipo, por su dominante madre (Tara Fitzgerald).

Lo que pudo ser y no ha sido

No es la primera vez que el cine se ocupa de los hermanos Kray. Peter Medak lo hizo a principios de los años noventa en “Los Kray” pero, naturalmente, lo hacía desde puntos de vista distintos y con objetivos menos ambiciosos.

“Legend” tiene todos los ingredientes necesarios para construir una película espectacular, sí, pero también sólida y apasionante. Y no lo es. Brian Helgeland, guionista y director, no ha sabido utilizarlos, quizás porque no sabía qué hacer con ellos.

Los gemelos Kray, dos ex boxeadores, habitantes de barrio casi marginal e individuos sin cultura, fueron admirados por la optimista sociedad londinense de los años sesenta, que ya dba la espalda a los "jóvenes airados" y proclamaba a los Beatles y los Rolling Stone como sus dioses. Y fueron admirados por su vida exagerada, su desparrame vital, sus fiestas privadas publicitadas por todos los medios de comunicación, sus relaciones con el famoseo y por ser dueños de los clubs más exclusivos de Londres en los que la droga hacía la competencia al alcohol. Incluso se llegó a afirmar la existencia de relaciones sexuales entre ambos.

Su excesiva vida era una fiesta bajo la que latía la violencia más extrema, los métodos de extorsión más crueles, las amenazas más amedrentadoras. No se detenían ante nada con tal de someter a políticos, autoridades, magnates y famosos, para que siguieran las reglas dictadas por ellos. Reglas y extorsiones que les permitían escapar de la justicia y llevar una vida pública que era admirada por todos los londinenses que no conocían los entresijos que la hacían posible.

Pero Brian Helgeland ha dado al traste con la suculenta historia de los dos hermanos. El guion no llega a profundizar en ninguno de los aspectos vivenciales de los protagonistas. Ni siquiera la relación de amor – odio entre los tres protagonistas principañes: Reggie, Ronald y Francis, alcanza una pequeña parte de la fuerza con la que la vivieron los tres personajes. Y no hablemos ya del motor de la acción de los dos hermanos: el obsesivo y compulsivo amor por la madre, auténtico complejo de Edipo, que les sirve de excusa para justificar todas sus tropelías. La madre apenas es visible en esta película, lo que denota la falta de comprensión del guionista – director.

Se echa de menos las orgías, el sexo, el alcohol, las drogas, el dinero… El delirio que eran sus vidas ha quedado en un simple caprichito. Y cuidado que hay momentos que hubieran podido ser gloriosos: la pelea entre los dos hermanos, el casi ninguneado encuentro con la mafia de Las Vegas, la entrada de Reggie en la cárcel, la pelea con la banda enemiga… Pero los muchos sucesos se quedan en simple muestrario.

Ni siquiera la esforzada interpretación de Tom Hardy encarnando a los dos hermanos puede admirar. Si interpreta un aceptable Reggie, duro pero elegante, canalla pero dulce y sensible, para su interpretación de Ronald ha recurrido a la composición, la cual ha exagerado tanto que echa al traste toda posibilidad de la amplia panoplia de registros interpretativos y los innumerables matices que cabían en semejante personaje, mucho más complejo y misterioso que el de Reggie. Una pena.

No obstante la película se redime algo por la espléndida fotografía de Dick Pope.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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