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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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3 CORAZONES

de Benoit Jacquot

3 corazones, 2 historias

Pierdes el último tren que te llevará a París. Entras en el primer bar que encuentras mientras decides donde o cómo pasar la noche. Ligas con la primera mujer que entra a comprar cigarrillos con la excusa de eso tan manoseado: “¿Hay algún hotel por aquí?”. Ella se llama Sylvie (Charlott Gainsbourg). Os paseáis de arriba abajo, de lado a lado, la pequeña ciudad de provincias. Al amanecer te vas a París quedando citados en  las Tullerías.

Es lo que le pasa a Marc, (Benoit Poelvoode), inspector de hacienda (sin Montoro, claro, porque si el jienense estuviera de ministro en Francia Marc no tendría dinero para coger el tren).

Marc se las promete no solo felices, también morrocotudamente esplendorosas. Pero llega tarde a la cita y Sylvie ya se ha vuelto a su pequeña ciudad y se ha ido a los USA, que para algo su mamá, madame Berger (Catherine Deneuve), es rica y le ha montado una tienda de antigüedades.

Pasado un tiempo y curado de este primer mal de amores, Marc encuentra a Sophie (Chiara Mastroiani). Marc no sabe que Sophie es hermana de Sylvie y socia en la tienda de antigüedades.

Marc y Sophie se casan. Tienen un hijo y son aceptablemente felices.

Regresa Sylvie y Marc se hace con la picha un lío. El triángulo amoroso está servido.

La tragedia del payaso

Lo del actor Benoit Poelvoode no es lo dramático. Lo suyo es hacer reír. Pero aquí se entrega con cuerpo y alma a hacer llorar. Por lo menos a conmover los ánimos. Y pone todo su saber al servicio de un relato que podríamos calificar de irregular. Y es una pena porque si Benoit Jacquot se hubiera ceñido a la idea inicial, y no se hubiera perdido por recovecos intrincados,  hubiera logrado un melodrama redondo. El director pretendía poner al día, desde postulados actuales, un género en el que sus mayores de la “nouvelle vague”, especialmente Francois Truffaut, se desenvolvían con mucha soltura. Jacquot ha querido hacer lo que hace dos años consiguió Todd Haynes con su “Lejos del cielo”. Y no le ha salido. Ha conseguido un melodrama como los de antes. Lo que no es poco, pero… Y todo porque para conseguir sus fines utiliza un único método: la acumulación de motivos binarios. Cada motivo es positivo y negativo: los innumerables cigarrillos, el dichoso mechero que va y viene, el espejo no menos andarín, la frase que identifica, etc… Y todos actúan como rastros o huellas, por cierto muy a la manera de Hitchcock, que más tarde cobrarán significado.

Ese ir a su bola del director hace que el relato se desperdigue a la media hora de proyección. Y a partir de entonces ya no sabemos si estamos ante  un melodrama o ante “una de suspense”. E intentamos averiguar si Sylvie se encuentra mal, o no, ante quien ama pero no puede tener. O por qué, secuencia tras secuencia y dale que te pego, no muestra una pizquita de cariño hacia su sobrino. Y, ya puestos, empezamos a preguntarnos si Marc llegará a enterarse que Sylvie es la hermana de su mujer, como en una secuencia en que Marc va a plantarse delante de una fotografía de las dos hermanas juntas, pero la voz tronante de su suegra que le llama en el momento preciso impide que vea la foto.

No obstante hay un motivo muy bien ideado que hubiera podido ser el motor del “melo”: la identificación de la enfermedad cardíaca de Marc con sus penitas del corazón. Pero la puesta en escena manifestada a través de “zooms” tan rápidos que te destrozan los ojos, de “travellings” tan violentos que quieren expresar la violencia de las pasiones pero lo que consiguen es levantarte del asiento, envían al carajo las buenas intenciones que hubiera podido tener el director. Es posible que Benoit, que no dudo es un buen director, quisiera mostrarnos que  para hacer un buen “melodrama” moderno no es necesario tener en cuenta el “naturalismo”, el “realismo”, o la “verosimilitud”. Bueno… es una pretensión. Tampoco los tenían los maravillosos melodramas del gran Douglas Sirk. Pero...

Yo creo que no le ha salido la jugada, a pesar de tener todos los elementos para hacer un buen melodrama.

Y es una lástima porque los actores se entregan y consiguen un trabajo a cual más esplendoroso. Madame Deneuve como siempre: imperial en un personaje, como en sus últimos trabajos, con brillantísimo sarcasmo. Chiara Mastroiani y Charlott Gainsbourg, (los directores de casting parece que han decidido estar en familia), verdaderamente fascinantes. Y hay que quitarse el sombrero para celebrar la interpretación de un actor, Benoit Poelvoorde, dado a colmar de guiños tópicos sus actuación actuaciones, pero que aquí nos comunica con ascetismo franciscano y formidablemente las dudas interiores del personaje que no sabe vivir "ni contigo, ni sin ti". Es decir: "la tragedia del payaso".


Vicente Parra Fenollar

 

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