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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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SLOW WEST

de John MaClean

Y el amor…

Se busca. El amor siempre se busca. Y es lo que hace el joven y candoroso aristócrata escocés Jay Cavendish, (Kodi Smit-McPhee) que, abandonando su Escocia natal desembarca en la costa Este de los USA, coge un caballito y un pistolón, y anda que se andará quiere llegar a Oregón donde, según por no sé qué noticias que tiene, está su amada Rose, (Caren Pistorius), perseguida por la justicia por haber matado al tío de Jay. Estamos en el viejo “Oeste” de toda la vida.


A la búsqueda amorosa de este inocentón Romeo se une Silas Selleck, (Michael Fassbender), un nada claro caza recompensas que también va detrás de echarle mano a la tal Rose, por cuya cabeza se ofrecen unos cuantos dólares.

Y a los dos hombres les suceden tantas cosas y pasan tantas aventuras como Ulises navegando por el Mediterráneo.

Otra “del Oeste”

¿Pero qué está pasando en el cine? ¿Por qué la industria cinematográfica está volviendo la vista atrás? La semana pasada un francés, primerizo en esto de hacer cine, David Oelhoffen, se coge un relato de Camus, hace una adaptación muy personal y el resultado es “una del Oeste” esplendida, aunque la acción esté situada en el Atlas norteafricano: “Lejos de los hombres”.

Ahora un chaval escocés, al parecer escapado de un grupo musical según cuentan las gacetillas publicitarias, sin experiencia cinematográfica alguna, va y nos endilga una puñetera primera película de muy padre y señor mío. Y ésta sí se sitúa en el “Oeste”: los dos protagonistas se recorren de punta a punta los USA.

Al segundo plano pienso: “¡Dios! ¡Me he equivocado de película! Esta ya la he visto”. Y ahí están las altas parihuelas que sostienen los amojamados cadáveres de los indios que se pudren al sol: “El gran combate”, del inmenso John Ford. Pero no. Ford hubiera hecho que los personajes se adentraran por una polvorienta llanura recamada con extraños picachos. Aquí el personaje se mete en un frondoso bosque (que, dicho sea al paso, choca bastante que un paraje de Nueva Zelanda “sea” el “oeste” norteamericano).

Y en el frondoso bosque, ¡pum!, ¡pum!, tiros sin ton ni son que acaban con la vida de alguien. Y el joven escocés que pregunta: “¿Por qué?”. ¡Madre mía! ¡Pero si esto es  “Sin perdón”, del gran Clint Eastwood! Ahí está eso de “primero dispara, después pregunta” y los personajes más silencioso que el mudo de los Hermanos Marx. Pero no, no es la película del norteamericano porque, entre otras cosas, Eastwood ya hace años dejo el “cine del Oeste”.

Y en planos siguientes los protagonistas salen a las infinitas llanuras secas o a las inmensas praderas fértiles, auténticas promesas de libertad, entre enormes montañas cuyas cumbres están repletas de nieve. Pues tampoco. Tammpoco es el enorme Anthony Mann quien está dirigiendo el tinglado.

Y aquí tenemos las fronteras. Y están los indios que asaetean a todo bicho viviente. Y no faltan los cuatreros, aunque aquí no haya más ganado que robar que los dos caballos de los protagonistas. Y hay violencia. Y hay muertes… ¿gratuitas?... Y está la amistad entre dos hombres. Y está la tienda donde los colonos se aprovisionan. Y están los emigrantes, que son todos los personajes, refugiados de no se sabe qué lugares. Y está el humor. Y está el amor y la tragedia. Todas, todas las convenciones, todos los códigos, todos los requisitos de “una del oeste” están ahí. El debutante John MaClean se las sabe todas. No ha dejado nada fuera. Y sin embargo…

Sin embargo a película no es un mamotreto voluminoso de homenajes sin cuento a todos los grandes directores del género. MaClean coge todos los códigos establecidos por los grandes directores, los mete en una coctelera, y saca una copa que tiene aroma y sabor propio.

Si yo fuera versado en eso del “estructuralismo” sospecharía que MaClean deconstruye el “cine del Oeste”, para volverlo a construir con parámetros propios. Pero como no entiendo demasiado de filosofías digo que el director y guionista hace con todas las de la ley “una del Oeste” para reflexionar sobre el “cine del Oeste”.

Y, como buen inglés, volver al eterno tema de Romeo y Julieta para reflexionar sobre la eternidad y la espacialidad del amor y la muerte y plantar ante las narices de los espectadores actuales, tan llorosos por los refugiados sirios, el dilema de qué es mejor: vivir o sobrevivir. Es decir: el “Oeste” de siempre.

Y a pesar de los pesares, a pesar de todos los tópicos revisitados una y otra vez, a pesar de estar ante "una del oeste", o precisamente por ello, la emoción sigue. ¡Fastuoso!

Y uno piensa que si los jóvenes directores se interesan por ese cine, si los creadores están convencidos que tratando temas eternos se pueden identificar los problemas que tenemos cada día, si algunos suicidas productores están dispuestos a poner sus euritos, o si algunos festivales, como el de Sundance, premian este filme, y hay un público que se emociona y goza con estas películas... es que el cine sigue estando vivo.

Aunque los de los "blockbuster" no se enteren.


Vicente Parra Fenollar

 

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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