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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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EL CORO

de Francois Girard

Desde Texas al mundo mundial

Stet (Garrett Waring), un conflictivo niño tejano, ingresa en una escuela del Este de Estados Unidos cuando muere su madre alcohólica. Lo que ha dado fama a esa escuela es su coro de niños, dirigido por el profesor Carvelle, (Dustin Hoffman), y que se pasea por el mundo regalando la música de grandes compositores clásicos y no tan clásicos.

Otra de voces angelicales

Que la música amansa a las fieras lo plasmó muy bien la mitología griega. Y si no, que se lo pregunten al fierísimo Hades que tuvo que soportar el dulce canto y la melodiosa lira de Orfeo, (lírico que se pone uno al referirlo), el día que con harto dolor de su corazón tuvo que dejar de cantar a leones, tigres, mamuts, rinocerontes y a todo bicho que muerde, para bajar al inframundo para rescatar a su mujer. Hades se encandiló y Perséfone pudo salir a la luz.

Pues aquí, igual. El demonito Stet queda hecho un angelito gracias al empeño y tabarra que le da profesor Carvelle para que cultive su angelical voz. Así que estamos ante otra película de domesticación. Bueno, eso de ir de malo, malísimo, a bueno, buenísimo, algunos lo llaman “de superación”. Y como eso de recurrir a película con niño y música para mostrar la posibilidad de regeneración humana está últimamente muy visto, podemos inclinarnos a solicitar que la cosa se convierta ya en “subgénero musical-regenerativo” o, simplemente, en “género”.

¿Cuántas películas actuales tratan, valiéndose de la música, la relación profesor-alumno? Pues esta es una más. Y ni guionista, ni director, intentan esfuerzo alguno para ir más allá del puro esquematismo. La infancia, sus sueños, y los frenéticos ritmos cambiantes de la vida de un niño solo sirven de medio para regalar el oído del espectador. Bueno, el oído del espectador que disfrute con la música. Desde la consideración cinematográfica todo es bastante rutinario en esta película.

Lo que hace el canadiense Francoise Girard es ponerse de acuerdo con Brian Byrne para hacer una selección musical de cojón de mico, lo que es de agradecer cuando la película carece de interés. Y aun es necesario algún valor para poner a Haendel junto a Britten, o Faures. Lo que también es de agradecer. Y, de paso, Francois Girard se clasifica como director de "musicales serios".

Tampoco se desmelena Girard dirigiendo a los actores. El niño Garrett Waring “cumple”, como decían antes los críticos y comentaristas. No es de esos niños que te emboban y te acomplejan haciendo que te preguntes donde coño han aprendido tanto.

Y punto aparte merece Dustin Hoffman. A tenor de las declaraciones que hace últimamente hay que considerar que el señor Hoffman gradúa sus interpretaciones en función del sueldo que le pagan. Tantos millones, tantos kilos de interpretación. En "El coro" se limita a estar. No han debido pagarle mucho. ¡Claro, que el estar del señor Hoffman es bastante!

Y menos mal que por allí andaba Kathy Bates y asoma de cuando en cuando. Una gozada observarla. Sobre todo cuando no tiene nada que hacer, ni decir, y la cámara la olvida. Como en su primera aparición, en la prueba que una especie de tribunal hace al niño para determinar si su voz vale o no vale para el coro.

Vicente Parra Fenollar

 

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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