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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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IRRATIONAL MAN

de Woody Allen

¿Para qué sirve el saber?
Porque al profesor de filosofía Abe Lucas, (Joaquin Phoenix), le sirve de bien poco, ya que a sus pies se ha hundido el suelo y está en un bajonazo emocional tan profundo que a su lado el infierno debe ser superficial, absolutamente desencantado (como muchos otros sin ser profesores) de esta “sucia y fea vida”. Pero esa vida sin valor está hecha de fogonazos que lo incendian todo obligando a replantear las cosas. Y fogonazo, aunque pequeño, es la amistad de Abe con la profesora Rita, (Nancy Carroll), que solo espera salir de su infeliz matrimonio. Y fogonazo mayor es el conocimiento de la alumna Jill, (Emma Stone) que trastoca la fracasada existencia del profesor. Y fogonazo volcánico es el azar que mete a profesor, alumna y profesora averiada, en donde no debían meterse… sin que su mucho saber tenga explicaciones.

¿Es el mal gratuito y banal? 
Pues esto mismo se planteó Dostoievski en “El idiotas”, “Historias del subsuelo”, “El Jugador” o, sobre todo, en la grandiosa “Crimen y castigo”. Y el pobre no pudo dar una respuesta contundente. Ni siquiera satisfactoria.
En cuanto a si la existencia del hombre es un  infierno ya cuenta con una larga tradición que empieza en Schopenhauer, pasa por Kierkegaard y alcanza su apoteosis con Jean Paul Sartre. Y si hablamos de la carencia de sentido del hombre ahí está Albert Camus que dijo que todos éramos tozudos Sísifos a los que la dichosa piedra nos aplasta, pero nosotros, ¡dale que dale!, vuelta a coger la piedra y vuelta a subirla a la montaña. Todos estos genios llegaron a la no muy halagüeña conclusión de que “el hombre es una pasión inútil”.

Todo eso se lo plantea Woody Allen a sus tropecientos años y, ¡hale!, película que te crio. Y como son muchos los que piensan, y creen a pies juntillas, que el señor Allen es un genio, hay que tener muy en cuenta lo que “dice” el señor Allen. Pero muchas veces la genialidad de lo que se “dice” no se corresponde con la genialidad de lo que “se ve” y lo verbal queda en esfera superior a lo visual. Y el cine es, ante todo, “imagen”. Y lo que en esta ocasión  “dice” Allen es muy superior a lo que muestra. Al menos eso es lo que han debido pensar muchos espectadores conocedores de la trayectoria de Woody Allen.

Y como en esta vida pocas cosas causan mayor placer que dar garrotazos a un genio, pues ¡hala! A dar caña al mono que es de goma. Eso pone mucho. ¡Y no veas el entusiasmo que le echan muchos comentaristas! Lo que antes eran laureles, ahora son espinas. ¡Pobrecito Woody Allen! Si el norteamericano quería respuesta a la banalidad del mal, ahí tiene materia para reflexionar: ¿de qué te han servido tus triunfos anteriores?
Pero posiblemente toda esta situación no tenga valor alguno para el señor Allen. A sus tropecientos años, cervantinamente “puesto un pie en el estribo”, todas estas cuestiones no le digan nada y las respuestas que no vengan de sí mismo le importan un carajo. La conciencia de la proximidad de la muerte le hace un hombre completamente libre. Y hace cine porque, como el camusiano doctor Rieux que intenta salvar la insalvable vida del niño accidentado por pura profesionalidad y no por creencias religiosas o morales socialmente, esa es su profesión. ¿O también se le va a reprochar que se haya impuesto rodar una película al año? “¡Claro – dirán algunos-, una película anual es demasiado para lo poco que tiene que decir!”. El señor Allen levantará los hombros mientras piensa: “¿Y qué? ¡ Allá ellos!”

Tengo para mía que el señor Allen está de vuelta de eso de plantearse si el cine es imagen, literatura, o qué. El coge la cámara y la maneja como un escritor o un filósofo maneja la pluma. Hace ensayos. Más o menos profundos, más o menos logrados. Pero ensayos “visuales”. ¿No es eso lo que le pasaba al Luchino Visconti de “Muerte en Venecia”, “Ludwsig” o “Confidencias”? Curiosamente esta última también sobre un profesor, aunque de arte. Son, quiérase o no, grandes hombres que ante la proximidad de la muerte tienen los cojones de preguntarse por el sentido de la vida.

Y le reprochan al genio su descuido al planificar, su estilo tan arrugado como los pantalones que suele llevar, su falta de interés en redondear la historia… Puestos a reprochar ¿por qué no se le reprocha que haga cine? ¿O también se le reprocha? ¡Y de cine el señor Allen sabe un rato!

En “Delitos y faltas” Allen hace que drama y comedia se deslicen de la mano en dos líneas paralelas que nunca se tocan. En “Match Point” la comedia se mete debajo de la cama del drama. Y en “Irrational man” drama y comedia se funden  en una unidad.  Tengo para  mí que esto es cine. Y cine tan válido como una película de Buster Keaton o Jacques Tati. Y si ya no alcanza el esplendor de otros tiempos, sigue interesándome. Y sigo disfrutando.
Y no sé si esto es una crítica, un comentario… o qué. Ni siquiera me ocupo de la excelente labor interpretativa de Joaquín Phoenix. Pero escribo lo que quiero escribir.



Vicente Parra Fenollar

 

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