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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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CONDUCTA

de Ernesto Daranas Serrano

¿De qué se nos habla?

De la educación de Chala, chaval habanero de 11 años. ¿Solo de eso?

Es lo que nos hace vivir la vieja maestra Carmela, (Alina Rodríguez), al pelear por la educación de Chala, (Armando Valdés Freire), un conflictivo chaval de barrio marginal de La Habana de hoy, con madre (Yuliet Cruz) drogadicta y prostituta, y que, para sobrevivir, es quien “lleva a casa los fríjoles a la mesa de su casa”, fríjoles que su madre no puede traer. Para ello Chala tiene que cuidar los perros de pelea de Ignacio (Armando Miguel Gómez) y otros “oficios” varios.

Carmela, con sus métodos anticuados, se enfrentará a burócratas, como la inspectora Raquel, (Silvia Aguila), y rígidos reglamentos y protocolos, para conseguir que Chala no ingrese en un reformatorio y para que  tenga, al menos, un poco de amor correspondido por la niña Yeni (Amaly Junco), o la propia maestra.

¿Conducta?... ¡Vida!

Porque es un cacho de vida habanera lo que la cámara recoge y lo arroja sobre una pantalla.

Y vaya por delante manifestar que no me gusta el cine que pone descaradamente en primer plano la ideología y condena al trasfondo desenfocado  la materia narrativa que maneja.

Hoy en día las ideologías, todas, solo contemplan su propio ombligo y provocan hipnóticos estados de ánimo colectivos en los que los individuos pierden  la identidad propia y la noción de que son partes integradas en un todo. En arte, si esto asoma, se pierden los puntos de vista individuales; el principio de libertad cuyo concepto tanto vale para doña Esperanza Aguirre, para don Pablo Iglesias Turrión, o para mí; la facultad de disentir y decir “no”, como el mayordomo del chejoviano “El jardín de los crezos” o la camusiana hija de "El malentendido"; la posibilidad de expresarse y, sobre todo, la capacidad de entender a los otros y respetar sus derechos.

No es este el caso de “Conducta”. Cine ideológico sí. Pero cine, cine, cine de verdad en el que la ideología se encarna y enraíza en personajes humanísimos, que viven situaciones complejísimas. Un cine en el que Ernesto Daranas se la juega como artista. Y qué forma de ganar la apuesta: ¡Acojonante película!

No sé quién es este director. No he visto ninguna película suya. Ni siquiera sé si ha hecho otras. Pero esta película es contundente. Y supongo que los señores Castro, tan habaneros ellos, no habrán  parado de dar respingos con cada secuencia, con cada plano. Y si es así, ¡qué equivocados están! Mejor aún : ¡darían la razón a la película!.

¡Claro que es una crítica feroz a la educación castrista! Pero es también un cacho de vida de La Habana de hoy recogido por una cámara que podría calificarse, con toda la razón del mundo, de verdadera cámara “indiscreta”. Una Habana marginal, en ruinas, con triciclos alquilados para el transporte de mercancías o personas. Un espacio que se llena de simbolismos legibles: perros que pelean, palomas que cruzan el cielo, el correr cansino de los coches de los años cincuenta, carretas y trenes desvencijados, y en el que se sitúa una escuela inestable, alejada de la docilidad, con niños cuya principal preocupación es sobrevivir en la miseria, y en cuyo interior una vieja maestra es algo más que una transmisora de conocimientos.

En esa escuela está el fragor de la batalla entre la vieja Carmela, a quien le “gusta que suenen las palabras” aunque ya se sepa su significado, y la inspectora reglamentista que no puede echar a la anticuada maestra que lleva en su oficio casi cincuenta años: “mucho menos tiempo que el que llevan en el poder los que gobiernan el país… ¿parece demasiado?” Y en el campo de batalla, en medio de las dos, los niños.

El enfrentamiento entre los dos personajes obliga al espectador a reflexiones que no tiene más remedio que vincular a su propia ética, no a la del director y guionista. “Están pensando en cómo quedan ustedes. Y yo estoy pensando en el muchacho”, suelta, como quien no quiere la cosa, esa vieja a la que le gusta el sonido de las palabras, a la que no le gusta la subversión linguística a la que nos han llevado los políticos y periodistas.

Y en ese mundo de certezas Carmela no tiene ninguna, salvo una: “Antes, para mí, la vida era más clara. Y yo sabía para qué preparaba a un alumno. Ahora lo único que tengo claro es para lo que no debo prepararlo”. Por tanto no duda en espetarle al director del reformatorio: “Si quieres un delincuente trátalo como un delincuente”.

Y por si alguien no está de acuerdo con lo que se cuenta y se dice en la película, Daranas deja un final completamente abierto en el que el espectador pueda escribir lo que crea conveniente. Bueno… abierto, abierto, no: con un bajar a negro prolongado en cuya negrura resuena la voz de Chala: “¡Abuela!”

Película con bajísimo presupuesto, (en la Cuba actual para hacer cine seguramente habrá que arañar la tierra puesto que no hay bancos a los que asaltar), Daranas ha ideado una puesta en escena absolutamente simple y convencional, le ha dicho al director de fotografía Alejandro Pérez que pusiera la cámara en un punto, que hiciera tal o cual plano, que evitara el baile de san Vito y que hiciera una fotografía esplendorosa. Y Alejandro Pérez ha cum plido con creces. Y así, cámara y actores mano a mano, dando lo mejor de sí, que tienen muchísimo que dar, ha hecho una película de las de "antes". ¿O es que el cine convencional no es buen cine?

El reparto desarrolla un trabajo fascinante. Pero aparte de destacar el trabajo de Alina Rodríguez en una Carmela soberbia, hay que maravillarse con el niño Armando Valdés Freire. ¡Que capacidad expresiva!


Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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