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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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CONVICTO (STARRED UP)

de David Mackenzie

Familia carcelaria
Desde un correccional de jóvenes a un centro carcelario de adultos es trasladado Eric Love, (Jack O’Connell), sin previo aviso. (A los presos nunca se les avisa). En esa cárcel se encuentra con el recluso Nevill, (Ben Mendelsohn), su padre, al que no veía desde pequeño, pues si Eric llevaba una brillante carrera como delincuente, la del padre era aún más brillante y pasaba la mayor parte de su vida enchironado.

La presencia del hijito toca la fibra más tierna de Nevill despertando su amor paternal. Dado su estatus privilegiado de preso de toda la vida, Nevill decide proteger al dulce joven y lograr que salga pronto de ambiente tan pernicioso, para lo que convence a la Dirección de la prisión para que permitan a Eric acudir a unas sesiones terapéuticas que le curen de su amor a la violencia. Gracias al terapeuta Olive, (Rupert Friend), que cree en  la efectividad de sus métodos, Eric intenta convertirse en preso pacífico. Pero, desgraciadamente, su rabia y su instinto hacen que él sepa que la violencia es el único medio para sobrevivir en la cárcel. O donde sea.

Penitencial Calvario Carcelario  
Esta Santa Semana en la que España entera parece haberse puesto de acuerdo en pasear por las calles a los numerosos Cristos del Gran Silencio que habitan en las iglesias, no sé si para restregarle por las narices al Ministro del Interior, el muy pío y santo varón don Jorge Fernández Díaz, lo muy adecuada que es la “Ley Mordaza” para llevar a Jesús al Golgotha, la gente del cine no ha querido quedarse atrás y, al parecer encabritados, los distribuidores y exhibidores se han apresurado a demostrarle al Ministro de Justicia, el muy fiel discípulo gallardoniano don Rafael Catalá, los grandes prejuicios de no confiar en la rehabilitación penitenciaria y abrazarse a la perpetuaria “pena de prisión permanente revisable”. Seguro que ese es el motivo por el que han programado “Convicto”, película que es un auténtico calvario carcelario de imposible redención, sin esperanza en la “otra vida” y bendecido por la Dirección General de Prisiones, los legisladores… y la sociedad entera. Porque de eso trata la película: si la pena de prisión sirve para rehabilitar al preso, o no. Y queda clarísimo que, para los que deciden meter a alguien en el trullo y disponen del dedazo caritativo para extraditarlos, o no,  la estancia carcelaria no sirve para que se vuelvan buenos y encantadores chiquitos. Los de la trena, erre que erre, siguen tan delincuentes como entraron.  

Pero el director británico David Mackenzie y su guionista Jonathan Asser, que de cuestiones de chirona sabe un montón por su mucha práctica, se equivocan: Los que poseen las Tablas de la Ley la rehabilitación les importa un pito y solo les interesa tener los presos encerrados cuanto más mejor. Así halagan los bajos instintos de los ciudadanos que piensan como ellos. Y como son muy educados, que por algo fueron a colegios de pago, a la cadena perpetua, que suena muy grosero, la denominan “prisión permanente revisable”. Y a la pena de muerte, que seguro les gustaría restablecer, la llaman…

David Mackenzie, verdadero culo inquieto que toca todos los géneros para ver si descuella en alguno, parece haber encontrado con esta “Convicto” su sitio y su oportunidad para ser considerado un buen director.

El cine carcelario es todo un género ya muy codificado. Cientos y cientos de películas han afrontado el tema de la prisión. De hombres y de mujeres. Mackenzie y su guionista no escapan a las reglas. Su propósito, aparte la denuncia de las extralimitaciones de las autoridades, es ahondar en las relaciones de los presos. Y la cárcel se revela como un universo en el que la ley del más fuerte reemplaza a la Justicia tal como se entiende en el mundo exterior. La capacidad de sobrevivir depende de la brutalidad o de la docilidad de cada uno. Y es en esas relaciones donde se introduce la novedad y lo que hace encomiable a esta película: La relación que se establece entre un muchacho apenas salido de la adolescencia, con explosiones de rabia e ira, y un padre que no ha querido serlo y ahora quiere aprender a serlo. Un chico que tiene dificultad para comunicarse con los otros, pero que no está dispuesto a jugar el papel de víctima,  y un padre sin ataduras emocionales con el hijo. Y es aquí, en el sutil cuestionamiento del origen de esa violencia del joven, donde se hace visible la inteligencia del director y su guionista.

Para ese universo carcelario Mackenzie escoge un estilo minimalista, directo, en el que la cámara al hombro, sin bailes de san Vito, da un aire hiperrealista que recuerda mucho el cine verista de la “nouvelle vague”. A ese realismo contribuye la falta de adornos en el decorado y la casi ausencia de efectos musicales. La cárcel se convierte así en espacio donde campa la violencia, no solo física, sino también verbal, pues la jerga que utilizan los presos es tan violenta como las acciones. También la cálida iluminación se desvía de la iluminación grisácea de este tipo de películas. No obstante no se ha corrido riesgo alguno en la puesta en escena. Es el fallo: El motivo argumental exigía un  mayor impulso poético, desgraciadamente ausente de todo el desarrollo. Es cierto que hacia el final hay una secuencia, con montaje alterno, que dota a la película de una desesperada emoción salvadora. Pero llega tarde. El espectador ya ha comenzado a aburrirse. Y cuando el aburrimiento hace su aparición, ya nada llega a buen puerto

Los actores tienen su mérito; Ben Mendelshon se entrega totalmente para darns un padre agotado y vulnerable. Jack O’Connell, que no sé qué ha hecho anteriormente, pone su gran físico, y sus grandes cualidades interpretativas, al servicio de un joven enérgico que solo cree en sí mismo. Y todos los secundarios están verdaderamente impresionantes. Te crees que son presos de verdad.


Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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