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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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PASOLINI

de Abel Ferrara

¡No, joer, no! ¡No es un “biopic”!

Son las últimas cuarenta y ocho horas de Pier Paolo Pasolini, antes de que su cadáver apareciera, la noche del 1 al dos de Noviembre de 1975, sobre la arena de la playa de Ostia.

Cuarenta y ocho horas reales o imaginadas, ¿qué más da?, que van desde su última entrevista concedida a Philippe Bouvard, (¿seguro que el periodista francés era barbudo y melenudo?), en la que explica el escándalo que está produciendo por su película “Saló o los 120 días de Sodoma”, pasando por la conversación con su querida “mamma”  y su sobrina, charlar con sus amigos y marcharse tranquilamente a buscar una aventura sexual. Y allí estaba la muerte.


El cerebro puede mostrarse

Vaya por delante mi  confesión de que el director norteamericano Abel Ferrara es un tipo que me cae bien. Una montaña rusa es más llana y horizontal que la trayectoria cinematográfica de Ferrara. Pero incluso sus mayores enemigos tendrán que admitir que tanto en los momentos de esplendor, como aquellos en que se estrella estrepitosamente, Ferrara es un director que siempre se arriesga y en cada película pone todo su corazón y su ego, que no es pequeño.

Abordar la figura de Pier Paolo Pasolini es un riesgo. Huir como alma que lleva el diablo de hacer un “biopic” a base de ensartar momentos “culminantes” del biopicado es otro riesgo. Hacer un “totum revolutum” con la vida real, la vida imaginada por guionista y director, las películas de Pasolini, sus novelas, su poesía y sus ensayos, es un riesgo en el que se adquieren todas las papeletas para un colosal estrelle. Y, sin embargo, Ferrara consigue sortear todos los peligros y salir no solo airoso, sino espléndido. En su  montaña rusa consigue escalar una cima construyendo una de las películas menos “ferrarianas” que ha hecho en su vida. ¡Y sin pizca de ego!

Las cuarenta y ocho horas últimas de Pasolini ideadas por Ferrara son cuarenta y ocho horas pensadas y estructuradas por una menta libre de todo  prejuicio, libre de estar sometida a la verdad “histórica”, libre de olvidar de lo que ahora se sabe sobre la muerte de Pasolini y, sobre todo, libre para rechazar hacer con el cadáver de Pasolini una historia policiaca a lo Agatha Christie.

Y, ya en el colmo del riesgo, ser libre para acordarse del último guion inacabado de Pier Paolo, hacer imágenes con trozos de él y meter en esa historia  a ¡Ninetto Davoli!, quien fue el amante más estable de Pasolini y su actor fetiche.

Seguro que Pier Paolo Pasolini, uno de los intelectuales más honesto, potente, lúcido, sincero, luchador  y brillante que tuvo la segunda mitad del siglo XX. Un intelectual que  molestaba a casi todo el mundo. De derechas, de izquierda, de centro y de alrededores. Un enorme “corsario” que disparaba sus cañones contra todo lo que se moviera en errada dirección. Y casi todo, en su tiempo, era errado. Un hombre cuya coherencia se convertía en auténtica provocación, como cuando en el famoso 68 francés se puso del lado de la policía represora alegando que los policías eran miembros de familias humildes y los estudiantes eran hijos de papá.  Seguro que muchísimos querían verle muerto. ¿Quién ideó su muerte? ¿Quién pagó? ¿Quién ejecutó? Todo eso importa poco, salvo a los detectives aficionados.

Lo que importa a Ferrara es atrapar el tiempo de un hombre que envejece, un hombre que vive con toda normalidad la sociedad de su tiempo y, sobre todo, como el cerebro pasoliniano destripa esa realidad, la hace suya y nos la devuelve como arte y como estructura conceptual apropiada para transformar la realidad. ¿Se puede mostrar un cerebro en imágenes cinematográficas? No estoy muy seguro de que lo haya conseguido, pero Ferrara lo ha intentado.

Y este Ferrara se ha dejado su inmenso  ego en casa, ha dejado de hacer esos planos que te hacen exclamar “aaaaahhh”, y ha planteado una estructura de imágenes tan sobria que la famosa pobreza franciscana parece opulencia. ¡Qué alarde de cámara nos procura  Stefano Falivene! Sin esos “travelings” hechos para admirar, pero que nos llevan al olvido de la historia que se cuenta; sin baile de san Vito que nos haga cerrar la mandíbula sobre el chicle que estamos mascando; sin primerísimos planos sin ton ni son, porque aquí todos los primerísimos planos tienen ton y tienen son. Y un montaje de Fabio Nunziata para mostrarlo en las escuelas de cine. Lo dicho: la película menos Ferrara.

¿Y quién ha dicho que Ferrara no sabe dirigir actores? Pues aquí hace gala de una manera soberbia de dirigir actores. Cierto es que Willem Dafoe es un enorme actor. Un actor que no desperdicia un plano en el que no reluzca su histrionismo, su composición del personaje llevada al límite. Pues también él es, aquí, lo menos dafoe que imaginar se pueda. ¡Qué sobriedad! ¡Que barrado de personalidad propia y puesta al servicio de las ideas del director!

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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