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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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PURO VICIO
(Inherent vice)

de Paul Thomas Anderson

Detective del perpetuo colocón

A principios de la década de los setenta Larry “Doc” Sportello, (Joaquin Phoenix), es un detective perpetuamente “fumao” a quien su ex-amante (o ex-esposa, vaya usted a saber), (Katherine Waterston), le encarga que busque a su actual novio, un promotor inmobiliario, (Eric Roberts), cuya esposa y su novio han hecho desaparecer y quieren internarlo en un manicomio para quedarse con su fortuna. Sportello se cruzará con una delirante fauna que puebla Los Ángeles: mafia indochina, dentista cocainómano (Martin Dew) , alucinante médium (Joanna Nowsom), un saxofonista (Owen Wilson) que no se sabe si ha desaparecido o aparecido, un abogado (Benicio del Toro) que ni puta idea de lo que se lleva entre manos… Y como el promotor inmobiliario en vez de agenciarse un club de futbol como todo promotor inmobiliario que se precie, al menos en España, se agencia una panda de moteros nazis, “La Hermandad Aria”, pues… No se sabe quién está más colocado: si el detective o esa sociedad de principios de los setenta.


Apartaos y dejad el espacio, que viene el genio.

“Sidney” (1996) fue el ángel anunciador de la venida del Genio. “Boogie nights”  (1997) fue la anagnórisis del Genio. Y con las otras cuatro películas rodadas hasta ahora se produjo la consolidación del Genio. Sospecho que con “Puro vicio” el genio será proclamado la esencia pura del cine.

Y cuando un Genio del cine se asocia con un Genio de la literatura, el misterioso Thomas Pynchon, (a quien Harold Bloom incluyó en su “canon”, pero ya sabemos que el señor Bloom es muy suyo y casi desconoce, por ejemplo, a Cervantes), pues la unión de los Genios nos hace exclamar: ¡la hostia, tú! Y tan ¡la hostia! Es que artistas y técnicos hacen cola a la puerta de Paul Thomas Anderson para participar en su película. Incluso gratis. Y si es necesario ¡pagan por ello!

Y así se consigue un reparto de esos de “¡uffff… vaya reparto!”.  Y un cuadro técnico de esos de “¡uffff… vaya cuadro técnico!” Y críticos y comentaristas cinematográficos se relamen de gusto porque  harán unas críticos y unos comentarios de esos de “ufff… vaya criticón, (o comentario), que se ha marcado el muy jodio”.

Y yo, después de dos horas y pico de alucine, he salido más “emporrao” que el protagonista. Así que no me encuentro con fuerzas para hablar de si la persistente búsqueda del vacío social que persigue el señor Paul Thomas Anderson en todas sus películas, está en esta. Que está. Que no quiero mentar si el empeño del señor Anderson en sus dos últimas películas de buscar la esencia de la nación americana a través de su California natal está en ésta. Que está. Y no estoy en condiciones de reflexionar si el hundimiento del “sueño americano” mostrado en su anterior cine está en esta película. Que está. Ni puedo discernir si está la idea de que la vida hippy llevaba en sí el germen de su destrucción. Que está. Y no puedo hablar si está la radicalidad cinematográfica que últimamente venía mostrando el señor Anderson. Que está. ¡Y elevada al cubo!

Y no estoy en condiciones de considerar si cada secuencia es un objeto aislado, que vale por sí mismo, sin conexión anterior o posterior, que refleja el fumeque continuo  del protagonista, se extiende a toda la película o sólo a la mitad de las secuencias. El coloque perpetuo del protagonista me ha descolocado. He cometido un error: Antes de la proyección debí fumarme unos porros para ver la película en plan de igualdad con el protagonista y seguirle el rollo.


Al verla en estado de lucidez he visto que Paul Thomas Anderson ha echado mano de una estética brillante, pero demasiado vanidosa. Creo que su ego desborda la película. Pero Paul Thomas Anderson es un Genio y los Genios no hacen eso. ¿Dónde quedarían, si no, las espléndidas “Boogie nights” y “Pozos de ambición”?

No basta con colgarle a una película la etiqueta de “obra maestra”, cosa que hubiera horrorizado a los antiguos John Ford y Alfred Hitchcock, sino que tiene que ser entretenida, amena, divertida. Desde el momento en que el único fin parecer ser la exhibición del virtuosismo formal del que es capaz el director… ¡Pues qué quieren que les diga! Si a los niños se les adormece con canciones de cuna o contándoles cuentos, para adormecer a los adultos solo hay que mostrarles esta película.

Y ahora críticos y comentaristas cinematográficos pueden mandarme al infierno. Pero antes que me la cuenten, a ver si me entero de algo.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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