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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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MR. TURNER

de Mike Leigh

Final de viaje del “excéntrico” Mr Turner

Tú empieza por convertirte en un genio que ya vendrá el cine a hacer un “biopic” de tu rutinaria vida y la transmutará en rutilante vida. Y como John Mallord William Turner emprendió el viaje hacia la genialidad, pues ha venido el cine inglés a rendirnos de admiración por los últimos veinte años de la vida del pintor romántico, considerado por muchos como uno de los precursores del impresionismo. Veinte años de su pintura y de la vida de una persona bastante deleznable.

Todo es “Turner”

El primer plano de la película nos muestra un esplendoroso amanecer y al señor Turner tomando apuntes. El sol sube. El último plano nos muestra un ocaso y al señor Turner tomando apuntes. El sol desciende. Y entre uno y otro plano toda una serie de planos nos muestran que en la vida del señor Turner, todo era “Turner”. Su casa, su calle, su barrio, Londres y Chelsea enteros eran tan “turner” que el pintor solo tenía que coger los pinceles y plasmar lo que veía en sus lienzos. No era necesario que el señor Turner tuviera una forma particular de mirar la Naturaleza, ni que tuviera un concepto del color, de la pintura o… de la Inglaterra contradictoria y fea, resultado de todavía no bien asimilada revolución industrial, en la que vivía. Todo, todo todo, estaba allí. Entonces… ¿dónde está la genialidad del pintor si se limitó a copiar lo que veía? Si no hay contraste entre lo real y lo pintado, ¿dónde está el arte?

Mike Leigh ha querido huir del “biopic” y su estructura circular – ascensión al éxito, decadencia y renacimiento - al uso para centrarse exclusivamente en el periodo de madurez en las que Turner, valiéndose de las técnicas de la pintura clásica, intuye la necesidad de adentrarse en otras formas distintas. Pero esa huida del “biopic” habitual no impide que Leigh acuda a otras formas igual de académicas que muestran perfectamente su incapacidad para filmar la esencia de la pintura de Turner. En  perfecta comunión con su director de fotografía, Dick Pope, copian la pintura de Turner. Y es en ese afán de copiar la pintura del romántico, de forma que meta al espectador en la comprensión de esa pintura, donde reside la debilidad del empeño. Cosa curiosa: tratándose de los últimos años, los planos de la película se adhieren más a la pintura de los primeros tiempos del pintor. Señal de que es más fácil recurrir a las convenciones románticas que a la cuasi abstracción de los últimos años.

No obstante hay algo bueno en ese empeño, pues se cumplen las palabras del reverendo J. Eagles a propósito de uno de los cuadros de Turner: “Ha despojado al sol de su derecho de primogenitura para crear las sombras”.  Pues Turner no es solo el “pintor de la luz” como le ha considerado alguno. Otros serán los verdaderos encargados de “pintar” la luz. Turner sabía muy bien que la luz produce sombras y trata de lograr un equilibrio entre luces y sombras. Leigh y Pope, al recurrir en sus imágenes a la primera época del pintor, nos dan, posiblemente sin proponérselo, uno de los aspectos más inadvertidos de la pintura de Turner: el juego de luz y sombra. Juego que lleva a la indefinición de contornos. Turner también inició el camino hacia la abstracción. Y eso no era la realidad quien se lo imponía, sino su mirada y su concepto del color y de la pintura. Mirada y concepto que han hecho que Turner sea considerado un genio del arte.

Ya es un tópico del cine inglés su cuidadísima ambientación y su reproducción de ambientes. Mike Leigh y su equipo de diseño, Suzie Davies y Dan Taylor consiguen la excelencia, cosa que agradece la cámara de Dick Pope.

Pero donde Leigh logra el “summum” es en el manejo de los actores. Lanzado a pleno galope a la conquista del espectador culto, - y de paso lograr algún “oscar” –, y utilizando todos los medios para lograr que el espectador empatice con ese Turner  antipático, grosero, misógino y egoísta, y el ogro sea absuelto de sus “pequeños” defectos, no duda en acudir a un buen secundario, ya habitual en las películas de Leigh, que llene la pantalla de tics, muecas y los gestos necesarios que deje boquiabiertos a los espectadores. Los críticos cinematográficos y los señores hollywoodieros agradecen mucho ese tipo de interpretación y suelen premiarlo. Ya lo hicieron críticos y jurados del festival de Cannes.

Se deja ver y se soporta si se tiene la fuerza de aguantar las dos horas y media que dura la película.

 

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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