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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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PERDIDA (Gone Girl)

de David Fincher


¡Que sí! ¡Que no! ¡Que!...

Y el espectador deshoja la margarita: que se va, que se viene, que se pierde, que se encuentra, que muere, que vive… Y esta Amy, (Rosamund Oike), desconcierta. No solo a su marido Nick (Ben Affleck), a su novio Desi (Neil Patrick Harris) riquísimo hasta el asco, a Margo (Carrie Coon) la novia del marido, a  los policías Rhonda (Kim Dikens) y Gilpin (Patrick Fugit), a todo Cristo incluído el director David Fincher y, posiblemente, a la mismísima novelista y guionista Gillian Flyn. Ellos sabrán qué hacer.

Y los espectadores ¿qué? Pues, al parecer, hay bastantes espectadores que no se desconciertan. ¡Admirable!

Pura transformación

Muchos devotos fincherianos han excavado una gruta lourdesiana, han levantado un altar y esperan ansiosos la llegada del mesías David Fincher. Y si no el mismísimo mesías, al menos esperan un rayito de luz. Y el señor Fincher, a veces, accede a colmar las súplicas y envía una película. Pero si los “hooligans” fincherianos esperaban una película pleonástica, cuajada de los efectos especiales impresionantes e innovadores con que suele aderezar sus guisos el señor Fincher, mucho me temo que, esta vez, experimenten decepción y se queden con tres palmos de narices.

Porque “Perdida” es, desde el inicio, un catón de aprendizaje de la sobriedad. Nada de movimientos imposibles de cámara recordando el baile de san Vito, nada de ultra estilización que haga pensar en un “estilo único”, nada de trampantojos, nada de… nada. ¡Si hasta casi parece un clásico! Fincher no ha hecho una peana para su venida epifánica a la gruta santa, sino que ha dado una solemne patada al altar que le han construido sus forofos, lo ha enviado al carajo y ha destapado de forma bien visible todo el abecedario de sus artilugios. Y lo ha hecho de tal forma que todos esos artilugios se transforman en verdadera esencia del relato dotando a la película de auténtica sobriedad. San Francisco a su lado era un barroco opulento. David Finger ha tirado a placer contra su propio público, contra sus devotos. Pero creo que eso no lo verán sus “hooligans” porque Finger demuestra en esta película que es un director excepcional y sutil. David Finger, ahora, asombra por su perfección.

La enrevesada historia de una pareja moderna, como Nick y Amy, no es más que una excusa para que Finger, como ha hecho hasta ahora, siga dinamitando la sociedad moderna. “Perdida”, al igual que “El gran carnaval” de Billy Wilder, o la propia “La red social”, destruye con violencia inaudita la empatía que se produce entre la sociedad actual y cualquier acontecimiento en el que desplieguen sus garras los medios de comunicación, llámese una historia del corazón, un desperece de la naturaleza, un desastre ambiental, o, (recientito, recientito), una enfermera contagiada de ébola. Empatía que hace olvidar a la gente, y a la sociedad, su propio vacío y su ensimismamiento.

Y no hay que hacer referencias a Alfred Hitchcock. O, mejor aún, a Claude Chabrol. ¡Pues claro que hay cosas de ambos directores! ¡Y de muchos más! ¿O es que un artista sale de la nada? Aunque en los tiempos actuales… ¡de la nada y de menos!

Lo verdaderamente importante es la asimilación y digestión que haya hecho de los hallazgos de los otros. Y Finger, en esta ocasión, hace suyas con creces las invenciones de los clásicos.

Pero todo ello no hubiera podido hacerlo sin unos actores que desarrollan un trabajo impresionante. Rosamund Pike dota a su personaje de una sutiliza total. La dulce Amy inicial se torna en perversa y en un monstruo manipulador. Ben Affleck, actor que no suele gustar mucho a críticos y cineastas de marca, (yo no debo serlo porque siempre he pensado que es un excelente actor), está verdaderamente imperial en su papel de marido confuso. Y Neil Patrick Harris está soberbio en un papel muy alejado de lo que suele hacer. Fastuosa la secuencia en que decidida a esconderse Amy llega a la casa del novio. Harris muestra esa jaula de oro en un paseo que Orson Welles no hubiera dudado en añadirlo al paseo del solitario Ciudadano Kane en su impresionante mansión.

Digamos que en esta ocasión David Fincher, ¡por fin!, si ha sacudido el corazón, (y el estómago), de este espectador.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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