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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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BOYHOOD (Momentos de una vida)

de Richard Linklater

Crecer, madurar, envejecer…

Loa avatares, durante doce años, de una familia compuesta por la Madre (Patricia Arquette), divorciada, vuelta a casar, y recasada otra vez; el Padre (Ethan Hawke), divorciado, emigrante en Alaska y vuelto a casar; la hija Samantha (Lorelei Linklater), y el hijo Mason (Ellar Coltrane). En realidad el eje de la película es la trayectoria vital del hijo, desde los seis años a los dieciocho, y de la hija, desde los ocho años a los veinte. Les vemos crecer, madurar, envejecer… Y no les vemos morir porque Richard Linklater no quiere ni pesimismo ni tragedia. Pero…

¿Y si Marcel Proust anduviera por ahí?

Difícil pone el señor Linklater formular un comentario sobre la película.

Vamos a ver. Imaginemos el principio de la cosa. El tejano Richard entra en el despacho del Gran Productor que, grandes sortijas en dedos, su mano acerca a la boca un soberbio y humeante puro habano. Con amplia sonrisa se dispone a escuchar el proyecto de Linklater. Una película sobre una familia media americana, -propone el director.


La cosa suena bien. Eso de los temas familiares, si son amables, siempre dan buen resultado en taquilla. El Gran Productor, amplía sonrisa y da condescendiente cabezada, anima al director a seguir adelante: ¿Y cuantos son los personajes? Cuatro, -afirma el director-, y unos pocos episódicos.

¡Magnífico! El Gran Productor ya sabe que no tendrá que preparar grandes honorarios y seguros. Su sonrisa y sus cabezadas de asentimiento se hacen más amplias. ¿Y qué sucede? -quiere saber. Nada, -susurra Linklater. 

El Gran Productor enarca una ceja, el puro queda a mitad de camino y su boca deja de esbozar sonrisa. Las películas en que no sucede nada no gustan a la gente y, por tanto, la taquilla suele ser raquítica. O peor aún: es casi seguro que se producirán pérdidas. Pero si hay un buen guió quizás… El director sonría: No, no hay guión. Hay una escaleta o estructura… ¡`Lo que faltaba! ¿Y sin guión cómo se hace un presupuesto? Y el gran Productor empieza a rascarse la cabeza y aguzar la mirada para comprobar si el señor Linklater le toma el pelo. Pero si la cosa se rueda con escaso equipo, decorados y, sobre todo, en unos pocos días, pues a lo mejor… - aventura el Gran Productor intentando comprender aquello. No, no, -se asusta Linklater. Y hace casi inaudible la voz- La película está pensada para rodarla en diez… quince… veinte años…

El Gran Productor, con los pelos de punta y mala leche en la cara, llama a su Secretaria: Por favor, llame a los loqueros y que se lleven a este tío al manicomio.

¡Pues no! ¡No sucedió así! Hubo tres productores que tuvieron los santos cojones de aprobar el proyecto y poner su dinerito para rodar la película. ¡Los locos debían de ser ellos! Eso sí, tuvieron el buen cuidado de involucrar en la producción al propio Linklater para que se esmerara en no producir ruinas con todo aquello.

Y el director tejano cogió sus bártulos y rodó secuencias durante una única semana al año, durante doce años. El resultado: película asombrosa y fascinante. Un puro milagro cinematográfico. No sé si de éxito en la sacrosanta taquilla. Pero de premios… Pues casi todos. Empezando por el Oso de Plata de la Berlinale, el de la Crítica Internacional del Festival de San Sebastián, ¡guión! oscarizado, mejor director…Y posiblemente sean pocos.

Linklater ha ido filmando la evolución de sus personajes a lo largo de esos doce años. Especialmente del hijo y la hija del matrimonio. N o ha querido filmar la historia de una gran sagas familiar, como los Buddenbrok de Thomas, Man, los Thibault del gran Roger Martín du Gard o los muy cinematorágficos y “magníficos” Ambersons del “Cuarto Mandamiento” de Orson Welles. El director tejano No ha querido nada trascendente. Ni siquiera épico o dramático. Ha filmado el suceder del tiempo de una familia media americana (y universal) con sus pequeños e insignificantes hechos diarios. El padre que juega con el hijo en la “videostation”, llevar al niño al colegio, el permiso para llegar tarde a casa, y ese fastuoso plano de un momento de soledad del crío contemplando el pollo muerto… Y más adelante el primer amor, la decisión de seguir una vocación… ¡Y el marcharse de casa para construir la propia vida! Igualito, igualito que Marcel Proust y su "tiempo recobrado".

El paso del tiempo preocupó y quiso atraparlo el canadiense Dennys Arcand que fabricó su esplendorosa trilogía: "El declive del imperio americano", "Las invasiones bárbaras" y "La edad de la ignorancia".  Pero esta trilogía fue rodada de forma tradicional: Una película cada diez años, en la cual los actores aportaban su envejecimiento sin continuidad. Y lo mismo sucede, si bien de forma muy especial, en el cine de Tsai Ming-Liang, en el que podemos seguir película tras película el envejecimiento de cada centímetro de la piel del actor Lee Kang-Sheng, protagonista de todas las películas de Ming-Liang.  Pero Linklater no apuesta por la profundidad, sino por la “levedad del ser”, por esos detalles sin importancia que conforman toda una vida. Por eso no necesitaba rodar toda la película de una tacada.

Y, sobre todo, también apuesta por la construcción de las personas. Al filmar el paso del tiempo, filma también la construcción de sus personajes. Y eso hace imposible partir de un guión fílmico verdaderamente estructurado y marca considerablemente todo el proceso de filmación. Si las primeras secuencias que muestran a un niño de seis años y a una niña de ocho los diálogos de esos niños están bastante construidos, al pasar el ecuador  de la película esos diálogos empiezan a ser de los propios actores y la improvisación se va apoderando de la película. Linklater planta la cámara delante de sus actores y les deja hacer. ¡Y con qué amor los mira!

Y los actores corresponden a ese amor. Prodigiosos Los niños-adolescentes-adultos Ellar Coltrane y Lorelei Linklater (hija del director, que no dudó en implicarla en el proyecto). La locaina de Miss Arquette está más simpática, mejor que nunca y de un dulce como como para comerla. Marco Perella y Steven Prince nunca han logrado actuaciones tan estupendas coomo esta. Y Ethan Hawke, actor fetiche del director,  ha debido  hacer un esfuerzo increíble para esta interpretación pues de lo contrario habrían tenido que echarlo de la película: debe tener un pacto con el diablo, pues después de doce años sigue teniendo la misma cara de diablillo enredando debajo de la mesa. ¡Y no desentona de los otros!

¡Cine en estado puro! (¿Todavía se lleva este cine?) ¿Cuántos críticos reconsiderarán su opinión de director “ecléctico” y “desorientado” de Richard Linklater?

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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