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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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AMOR SIN CONTROL (Thanks for sharing)

de Stuart Blumberg

¡Folla un poco más de la cuenta y verás!

Te llamarán pervertido, vicioso, insociable,  excluido social… Arrugarán el entrecejo, pondrán los ojos en blanco mirando al cielo… y te enviarán a hacer terapia de grupo para que te cures de tu sexo adicción. Es  lo que les pasa a Adam, (Mark Ruffalo), Mike, (Tim Robins), Neil, (Josh Gad) y Dede (Pink), que tienen que olvidarse de lo que la buena sociedad considera horrendo vicio - (cuando yo era niño se llamaba “pecado”)- y tendrán que superarlo mediante 12 pasos, o acciones, que pondrán a prueba su voluntad- (cuando yo era niño te aconsejaban ponerte cilicios, darte latigazos y duchas frías y otras muchas lindezas. Algo se ha ganado).

Santas Marías Gorettis a la americana.

Cuando yo era niño hubo un tal Pio XII que, empapado de santas intenciones sacadas de la lectura de los libros best-sellers de un tal Monseñor Tihamer Tòth, (profesor, sacerdote y obispo húngaro), decidió santificar a la dulce María Goretti, inocente adolescente asesinada por un sexo adicto a quien, naturalmente, tribunales y sociedad condenaron sin siquiera solicitarle explicaciones.

Hoy en nuestro mundo la vida rural es residual. Somos urbanitas y, puestos a consumir productos “light” o “zero”, hemos hecho del sexo un producto sin olor, sin sabor y casi sin tacto. Todos Marías Gorettis. Así que si follas dos o tres veces por semana, ¡hala!, pierdes la santidad y al terapeuta. Y si es terapia de grupo, mejor. Porque hoy los individuos valen poco y el grupo lo es todo. ¿O el lema “la unión hace la fuerza” no es uno de los lemas más repetitivo, jaleado y continuamente presente?

Por lo tanto Stuart Blumberg recoge todos los tópicos sobre el tema ¡y película que te crio! Y ya tenemos una tragedia y una comedia, o mitad y mitad, (que la película transita por los dos caminos sin saber con cual se queda definitivamente), que cumple con todos los requisitos del norteamericano cine “indi” más adocenado.

Esto de que el cine trate lo de la adicción al sexo ya va constituyendo un subgénero. Ahí está la abracadabrante y gamberra “Asfixia” de Clark Gregg; la pretenciosa aunque estupenda “Nymphomaniac” de Lars von Trier; la enormemente cruda y brutal  “Shame” de Steve McQueen; y no hablemos del domesticado, según algunos, John Waters y su salvaje “Los sexoadictos”, ¡vaya domesticación!

Blumberg no sigue ninguno de esos caminos, sino que entra en la pastelería y compra una buena ración de sexo adicción que muestre cómo afecta las relaciones sentimentales, profesionales o familiares de los sexo adictos. Un buen dulce para que todos lo saboreen, no sea que la película “indi” se quede sin ingresos en taquilla y los productores "indis" se vayan al carajo. Y la mano del guionista – también Blumberg- se ve por todos lados repartiendo culpas y gracias en extremo equilibrio.

Y es una pena porque con esas tres historias distintas, que tienen el común denominador del sexo, hubiera podido pintar, al modo de la brutal “Shame”, un cuadro tenebroso de la angustia de los urbanitas actuales, especialmente los europeos, y si son europpeos del sur más. (Me pregunto si Blumberg fuera europeo ¿hubiera cambiado el guión en caso de haber conocido, a la hora de escribirlo, el resultado de las elecciones europeas del domingo en Grecia, España, Francia o Reino Unido, que creo ponen de manifiesto síntomas de enfermedades provocadas por esa angustia?).

Si el esplendoroso guión de la magnífica película “Los chicos están bien” mostraba un buen guionista que presagiaba grandes logros futuros, esta primera película como director decepciona. Blumberg se acoge a una estética casi televisiva desaprovechando la potencialidad específicamente cinematográfica. Una puesta en escena que impide que la película fluya con agilidad, que los diálogos se nos antojen artificiales y literarios, con una planificación tan rutinaria que en todo momento podemos adivinar el “gag” que se avecina, y una dirección de arte sacada del catálogo de Ikea (no sé qué firma americana es la equivalente a la sueca). Ni siquiera cuando, casi al final, se quiere mostrar el acto sexual en toda su violencia, logra interesar al espectador, ya que el giro no puede funcionar por lo que le precede y por el cuento de hadas con que termina y ya se prevé de antemano. La falta de valentía para romper de verdad los tabúes que quiere romper hace que todo se disuelva en ese mundo rutinario, agradable y lleno de canciones “pop-folk” en que se desenvuelven los personajes. Amor perfectamente controlado.

Los actores, pesos pesados del cine americano, hacen lo que pueden para sacar adelante el producto, excepto la cantante Pink. Toda una potente revelación.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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