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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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EL DESCONOCIDO DEL LAGO

de Alain Guiraudie

No vayas con desconocidos

Un apacible lago en el Midi francés. Una playa recoleta. Unos umbrosos árboles y ocultador sotobosque. Un aparcamiento cercano. El lugar ideal para “cruising” homosexual. Allí va a parar Frank, (Pierre Deladonchamps), gay que ha oído hablar del lugar y su ligue fácil.

Corre el rumor de que por allí anda suelto un asesino en serie de maricones. No importa. Exponer la piel al sol es deseo fuerte que ningún peligro puede debilitar.

Frank se sienta junto al rechoncho Henri, (Patrick d’Assumpçao), hombre recién divorciado y de naturaleza filósofo “voyeur”. Hablan, comentan sus vidas,,, y lo que ven.

Al atardecer, cuando ya no queda nadie, Frank va al aparcamiento a recoger el coche. Allí se cruza con Michel, (Christophe Paou), un guapo bigotudo que también va a recoger su coche. Frank ha visto antes a Michel acaramelado con otro hombre, haciendo manitas y dándose besitos con el otro en las tibias aguas del tranquilo lago. Se cruzan las miradas. El deseo hace “tolón, tolón” en los dos.  Y para algo está allí la maleza.

El deseo es más fuerte que Keres

Se ha borrado de la memoria la antigua costumbre de que en Semana Santa se cerraban cines y teatros, o se programaban piadosas películas  de tema religioso, como “El mártir del Calvario”, o sadismos parecidos en los que el público devoto se hartaba de llorar. Y el Domingo de Resurrección todos los teatros estrenaban obra y los cines  sus mejores películas.

Un don Quijote que hoy levantara la cabeza podría hacer un maravilloso discurso sobre los tiempos de oro idos. Los católicos integristas tocarían paraíso. Pero en estos tiempos de santos fondos inversores de riesgo no hay Quijote que valga, ni que embride su rocín y arremeta contra cajas b. El sentido religioso ha quedado solo para algunos curas que aún creen en Dios, para ejecutivos y políticos con muy mala idea o para gente que tiene la fe del carbonero. Y no hay ningún Cervantes que saque partido de esta basura.

Ahora la Semana Santa es un “producto” que, en sorprendentes rebajas, ofrecen todas las cadenas hoteleras. Los ciudadanos lo compramos, quienes aún tengan dinero para comprar naderías. Hasta tal punto huimos a la playa, o al campo, que ni teatros ni cines se plantean estrenar obra alguna que valga la pena. Así que hay que conformarse con  lo que se ha estrenado con anterioridad. Y no me parece mal ocuparme de “El desconocido del lago”.

Es una pena que esta película no se hubiera estrenado unos días antes coincidiendo con el sepelio, (“funeral de Estado” lo han llamado algunos), de Adolfo Suárez. ¡Qué homilía hubiera hecho su eminencia eminentísima el cardenal Antonio María Rouco Varela!. Se hubiera puesto las botas (o sus sandalias rojas). ¡Ahí es nada! La Semana Santa sin religión unida a cine pornogay comentadas en el funeral de alguien que ha pedido ser enterrado en una iglesia..  A su apocalíptica visión de una guerra civil ya muy vecina, hubiera añadido la visión del noveno círculo infernal en el que hubieran ardido todos los maricones, el ex Presidente Rodríguez Zapatero, los jueces que casan a gays y cuantos artistas, productores, distribuidores y exhibidores pusieran en cartel esta película. ¿Dónde se ha visto a dos hombres hechos y derechos, fortachones, mamándose las pollas en un placentero sesenta y nueve? ¿Dónde se ha visto a un hombre dándole por el culo a otro? Y no..., ¡no es que esta película redivindique la homosexuallidad!. ¡"El desconocido de lago" da por hecho que la homosexualidad es la cosa más normal del mundo! ¡Tan normal como ser hetero, ser cacatúa... o ser cura! Eso es lo que el santo monseñor consideraría verdaderamente malo de la película.

“Menos mal, - puede reflexionar su eminencia-, que la ponen en uno de esos cines de “arte y secreto”,  lo que indica que la sociedad española todavía es una sociedad sana y solo unos pocos son los desviados a los que hay que amputar del cuerpo social”. 

Pero si esa es la reflexión del eminente cardenal, yo también reflexiono y me pregunto: mucho considerar normalizada socialmente la homosexualidad, pero ¿qué ocurriría si “El desconocido del lago” se proyectara en los muchos locales de la cadena Pleyel, por ejemplo? ¿Qué público, y cuánto, acudiría a verla sabiendo de qué va? ¿Qué pensaría al salir? Porque gracias a estas pequeñas pero muy significantes anécdotas, como el estreno de una película gay en cines de público mayoritario, es como podemos medir el grado de normalización social de la homosexualidad o el grado de homofobia, o el grado de progresismo o de reaccionarismo de esa sociedad. Y que se estrene de forma tan oculta es toda una declaración. Quien esté interesado en estas cuestiones que mire a su alrededoor y se dé respuestas.  

Que monseñor Rouco me condene si quiere, pero “El desconocido del lago” no es una película porno a pesar de mostrar actos sexuales muy, muy, muy explícitos entre hombres. Tan normalmente explícitos como se muestran en cualquier película de parejas heterosexuales.

Es una bella película en la que Alain Guiraudie, guionista y director, plantea una visión de un deseo tan poderosamente atenazador de la voluntad de la persona que no teme el poder destructor de las diosas Keres, (si es que tan funestas hermanas eran diosas). Aquí sí que da lo mismo lo que plantea su otra eminencia el obispo malagueño: nuestra legislación matrimonial es arrebatadamente mala porque "plantea conyuge 1 y conyuge 2, dando lo mismo que sea hombre con hombre, hombre mujer, niño con viejo, o animal y persona”. Santo obispo dixit sin que el tío llegue a vislumbrar que el deseo no excluye a nadie. Y si Guiraudie lo hace surgir entre dos hombres es para hacer más visible la tempestad devastadora que desarrolla tan enorme fuerza.

Y en ese “huis clos” sartriano que es el lago, el sotobosque y el aparcamiento, Frank se entrega a Michel a sabiendas de que es el asesino. Ojo: en la película no se habla de amor, sino solo de deseo. Quizá el amor habría que reservarlo al sentimiento platónico que Frank siente hacia Henri.

Y si bien es cierto que Guiraudie, muy francés él, se plantea construir un polar a lo Hitchcock, también es cierto que se le impone el carácter de náufragos de sus personajes, construyendo un verdadero drama. En ese Edén sin movimiento, recurriendo al “demodé” Jean Paul Sartre,  el deseo se convierte en existencia. En ese lago solo hay una cosa que hacer: dejarse llevar por el deseo y buscar. Allí no se come, no se bebe, apenas se habla. Solo se jode. Y se desafía a la muerte violenta. Y el director y guionista ha encontrado la fórmula apropiada para unir las dos fuerzas, pasando de un plano del culo, o de las pollas, a apacibles planos de árboles entre los que sopla la brisa. El desorden y la muerte chocan con la armonía del paisaje.

Y como los franceses son muy suyos, (y para monseñor Rouco deben ser el colmo del ateísmo), no han cesado de dar premios a esta película. Que si al mejor director, que si al mejor actor, que si al mejor guión, que si...

Y difícil lo han tenido los tres actores. Están en estado de gracia, pero ellos sabrán lo que habrán tenido que aguantar si es que han osado acudir a presentaciones de la película fuera de Francia.

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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