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"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

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de Shane Carruth

El grito de la orquídea

Y si al cortar una orquídea, ésta grita… es que hay una chica, Kris (Amy Siemetz), que se come un gusano, (no se sabe si dentro del gusano hay un actor), que encuen tra a un chico, Jeff (Shane Carruth), y unos cerdos, (tampoco se sabe si son actores). Y por allí anda un ladrón, (Thiago Martins), y un científico (es un decir) (Andrew Sensenig), y más… más cosas… Pero yo  no sé muy bien qué hacen todas esas cosas por allí.

Ese amor capitalista…

Es inevitable. A medida que se van cumpliendo años uno inicia un camino hacia el reaccionarismo que puede culminar con el muerto aspirando a la inmortalidad. Es lo que me debe suceder a mí, porque a mi edad ya he aprendido, (o me han hecho aprender), que cuando alguien crea una película, una pintura, una escultura, una obra literaria, o cualquier otra cosa, que críticos, comentaristas, exegetas, tertulianos y demás preclaras mentes, no saben en qué casilla de su extensísimo casillero hay que colocarla, hay que considerar que el tío que la ha creado es, de entrada, un genio. Y de salida… que del objeto en cuestión hay que hablar bien por cojones. ¿Porque quién es el guapo que pone a parir un objeto al que se le puede aplicar el concepto walterbenjaminesco de “ómnium novus sensorium” en cuanto al modo tradicional de ver cine, con personajes a los que les es imposible anclar su lenguaje, según las enseñanzas de Roland Barthes, y además al artefacto resultante le podemos aplicar la vinculación estructural entre lenguaje y mundo, según  pretendía Ludwig Wittgenstein? Y si se me apura mucho también podemos contemplar esta obra maestra a la luz de la teoría de la relatividad de Einstein, o encontrar, ¡por fin!, el “numeno” hegeliano metido dentro de uno de los cerdos… Hay que convenir que, a su lado, la Capilla Sixtina miguelangelesca es pura filfa. Por naturalista y por inmediatamente comprensible.

En fin, ¿quién soy yo para afirmar que esta película es una fantasmada, un caligrama indescifrable, o una pretenciosa mamarrachada? Ya digo: si lo digo es que soy puro reaccionario. ¡Vamos, que el señor Rajoy, a mi lado, sería avanzadísimo y más que progresista!

En tal magnificente film, para empezar, el señor Carruth nos narra una historia cuya intención principal está a años luz de distancia de la intención de narrar una historia. Este Juan Palomo, director, guionista, productor, actor, músico… nos da elementos de una trama para que cada espectador la sienta y la complete a su manera. La generosidad del genio es tal que permite que sea el espectador quien se organice su propia trama. Carruth debe ser furibundo seguidor de la vieja y acertadísima filosofía castellana de “a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga”. 

Y apoyándose en sublimes imágenes, que se supone deben embobarnos, y una banda sonora naturalista, en la que destacan las dulces notas proporcionadas por los líricos y delicados gruñidos de los cerdos, nos da en los primeros treinta minutos una arrasadora historia de amor, pura fachada del capitalismo más duro y perverso. O sea, nos sumerge en plena “economía libidinal” por aquello de las mercancías de intercambio. Como vaya a verla el señor Montoro... me río yo de ese ladrón que convierte a Kris y a Jeff  en sujetos presos de las necesidades sociales y sin posibilidad de decidir. ¡El IVA ya no va a ser necesario para atajar el déficit presupuestario!

Y si añadimos las suntuosas elipsis y un montaje actualísimo, más violentamente sincopado que las notas rockanroleras de los más primitivos roncanroleros, pues ya tenemos el objeto ideal, sumamente moderno, en el que nadie se entera nada de nada. Así que ¿quién se atreve a hablar mal de esta película?

Por tanto coincido con los jurados de Sundance y de cuantos festivales han otorgado a esta maravillosa película los mejores y más merecidos premios. Coincido con los críticos, comentaristas y gacetilleros que la han puesto por las nubes (que son todos sin excepción) y afirmo: ¡obra maestra!

Y si afirmo esto ahora, ¡imagínense lo que afirmaría si me hubiera enterado de algo!

Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

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