RADIO CIGÜEÑA 98,4 f.m.

"EL CINE"..., COLABORACIÓN DE LA CASA DE ANDALUCÍA DE RIVAS VACIAMADRID

cada quince días una película comentada

colaboración de la "Casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid"

Índice de noticias... ampliar

 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Twittear

DALLAS BUYERS CLUB

de Jean-Marc Vallée

Hecho real

Corre el año 1986. En Dallas, los médicos le diagnostican tener VIH-SIDA a Ron Woodroof (Matthew McConaughey) y le comunican que le quedan, como mucho, unos treinta días de vida. No pudiendo formar parte de los pacientes con los que la industria farmacéutica experimentaba con AZT para la cura de la enfermedad, Ron se dedica a conseguirla irregularmente hasta que es descubierto. Averigua que en México un médico (Griffin Dunne), al que se le ha prohibido ejercer la profesión, está administrando un tratamiento alternativo. Ron, ayudado por el transexual Rayon (Jared Leto) y por la doctora Eve (Jennifer Garner), monta un centro de venta de esas medicinas alternativas para beneficio propio. Pero lo que empieza siendo una fuente fraudulenta de riqueza, acaba siendo, por evo lución del personaje, un auténtico “banco”  para ayuda de los enfermos de sida. Desde entonces se declara la lucha de Ron, Rayon y Eve contra la industria farmacéutica. Es la lucha desigual entre David y Goliat.

 

La plaga asesina

El 5 de Junio de 1981, en Los Ángeles, miembros del Centers for Disease Control and Prevention, daban a conocer que se habían registrado varios casos de una rara neumonía. Apenas unos pocos días después, en San Francisco, se publicaba que varios pacientes con neumonía también estaban aquejados por el “sarcoma de Kaposi”. Se daba el hecho de que los pacientes eran gays. Rápidamente a la enfermedad se la conoció como “la peste rosa”, la enfermedad de los maricones, quizá como sortilegio del miedo heterosexual a contagiarse de ella. Y el sida pasó a ser una enfermedad “vergonzosa” y, por tanto, secreta. Ninguna industria seria se preocupaba de buscar remedio. El miedo de esos años en la comunidad gay fue recogido inmediatamente por el cine en la honesta “Compañeros inseparables”, de Norman Rene, y que también parece recogerse en la anunciada “The Normal Heart” de Ryan Murphy.

Pero en 1986, días antes de que se la diagnosticaran a RonWoodroof, el actor Rock Hudson hacía público que tenía sida. El trompetazo se oyó en todo el mundo. Y la industria farmacéutica se precipitó a experimentar remedios cuyas rígidas normas de aplicación convertían al sida en negocio que engordaba los dividendos de las empresas mientras los pobres maricones se convertían en tristes cobayas. El triángulo formado por médicos, autoridades e industria, metió a toda leche en el mercado sanitario productos discutibles, incluso dañinos, y prohbía toda posibilidad alternativa. Eran, son aún, tiempos oscuros. La comunidad gay, mientras tanto, conotaba los muertos. Y es inútil que toxicómanos y heterosexuales corrientes y molientes también sean presa del sida. Seguirá siendo una enfermedad gay hasta tiempos casi recientes.

Ron Woodroof era un electricista tejano, con su eterno sombrero “stetson”, zafio y grosero, apasionado del rodeo, entusiasta bebedor de cerveza o wisky, que se mete rayas de coca como si tomara caramelos y, sobre todo, follar con las putas que suelen acompañar a esos festejos taurinos. En fin, el prototipo del macho pendenciero, intolerante, arrogante y obseso homófobo. Lo peor que le podía pasar a semejante personaje era contraer el VHI-SIDA. ¡Ave María Purísima! Un macho homófobo con la  enfermedad de los chupa pollas. “Mierda de maricones” la define él. ¡Qué vergüenza! ¡Lo que van a pensar los amigos, casi tan machos como él!

Pero ya que le queda un mes de vida. Y descubre que puede negociar con la enfermedad haciendo dinero. Y como el negocio es el negocio, el gran macho no tiene reparos en asociarse con un transexual, yonki y también enfermo de sida, ofreciéndole el 25 por ciento de los beneficios. Él, que ya ha pasado varios meses esquivando a la muerte, es el ejemplo vivo de la validez del producto alternativo que vende.

Y sucede lo que no había previsto. El zafio Ron evoluciona. Castiga a quien humilla, se burla o desprecia, a Rayon. Y esos enfermos que antes solo eran una cuota de cuatrocientos dólares al mes, empiezan a parecerle personas.

Es esa presentación del personaje y su evolución, que ocupa toda la primera parte, lo que más interesa en la película. La lucha contra las empresas farmacéuticas, que ocupa casi toda la segunda parte, aunque bien documentada está algo estirada, lo que baja el ritmo de lo narrado y la tensión dramática. En esa segunda parte es como si la  película se dividiera en dos trayectos distintos. Uno que se abraza a la denuncia directa, tipo “Philadelphia”, y otra que sigue la evolución del personaje, dejando un regusto de algo incompleto. No obstante el guión hace un  gran esfuerzo para manejar la veracidad de los datos siempre en función de la emoción dramática. Que no lo logre completamente no impide que la película sea hermosa.

El canadiense Jean-Marc Vallée concibe toda la puesta en escena en función del protagonista. Más simple y directa no puede ser. Incluso a veces parece contagiarse de la narrativa televisiva. Y Matthew McConaughey le corresponde entregándose totalmente. Verdaderamente portentosa su interpretación. Lo de menos es que tuvo que adelgazar un montón de kilos, hasta quedar esquelético, para hacer creíble su personaje. Lo de más, lo asombroso, es su capacidad para transmitir toda la zafiedad, la grosería del personaje, haciéndolo profundamente antipático. Y luego ir desarrollando pequeños gestos, casi imperceptibles, hasta formar un todo que presente un personaje atractivo. Lo espectacular es su capacidad para exteriorizar su evolución, sus nuevos sentimientos, su nueva manera de entender a las personas y sus valores.

Lo mismo sucede con Jared Leto en el personaje transexual. Espléndido.

Posiblemente en el año que más impresionantes eran todas las interpretaciones masculinas nominadas al “oscar”, nadie podrá protestar que lo hayan concedido a estos dos actores. Muy merecidos.


Vicente Parra Fenollar

enlace directo al comentartio en la web de la casa de Andalucía de Rivas Vaciamadrid

Índice de comentarios anteriores... anteriores

www.radiociguena.org 

Inicio Menú

Acerca de Nosotros |Privacy Policy | Contacta con nosotros | ©2006 A.C.T.C. Radio Cigüeña